Cusco es uno de los lugares más emblemáticos de nuestro Perú. Ubicado entre la sierra y la ceja de selva, sus paisajes combinan las montañas con el verdor de los valles andinos. Cusco, además, es el centro de la cultura incaica y está lleno de monumentos históricos, como el increíble Machu Pichu.
En Cusco, descubrimos también uno de nuestros cacaos de Origen: el Chuncho.

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El Cacao

El sabor de chuncho es único en su tipo, porque potencia el sabor a chocolate fusionado con especias, frutos secos como pecanas, toques a hierba luisa y durazno. El cacao chuncho, además, posee el sabor clásico del chocolate de taza cusqueño, el más tradicional en Perú.

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La Comunidad

El cacao Chuncho con el que trabajamos en AMAZ proviene de Quillabamba, en Cusco, específicamente, del distrito Echarate en la provincia de La convención. Ahí, a 900 metros de altura, crecen los árboles de cacao de nuestra comunidad productora.

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Llegar a la comunidad la primera vez no fue sencillo. Mientras estábamos en la carretera, viajando de la capital de Cusco hacia la provincia, nos enteramos de que la zona había entrado en un paro.  Pronto nos encontramos con las pistas bloqueadas con algunos árboles y advertencias de volver hasta que (en alguna fecha indeterminada) la situación cambiara. Sin embargo, decidimos no rendirnos. Pasamos los obstáculos del camino y llegamos a Echarate, cuna del chocolate en el Perú: el “chuncho”, o como le decimos en AMAZ: el padre de los cacaos. El cacao Chuncho, nativo de la zona, alguna vez reinó en las plantaciones locales. Su sabor inconfundible y carácter de origen lo ponía por encima de todas las otras variedades cultivadas. Sin embargo, con el crecimiento de la demanda de cacao, los pobladores optaron por sembrar un cacao de mayor rotación: el cacao común; de menor valor en el mercado pero más volumen en la cosecha.

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Esto causó que el cacao de origen cada vez ocupara menos lugar en las parcelas y empezara a correr el riesgo de extinguirse. En AMAZ tomamos la determinación de cambiar la historia y recuperar las raíces de esta increíble variedad.

Para esto, nos reunimos con diferentes agricultores, intentando convencerlos de volver a cultivar el cacao de origen de la zona. “Este cacao ya no tiene precio” nos dijeron, no porque su valor fuera incalculable, sino porque es la forma honesta que tienen ellos de expresar que no les es viable cultivarlo bajo las condiciones actuales del mercado.